6/29/2009

Carta abierta al lector Carles G...


(Ralph Barby es el primero de la fila con pantalón corto oscuro y el "bordó" o bastón largo).

Es muy agradable recibir correos de los lectores, especialmente cuando muestran satisfacción por lo leído. Por suerte para mí, los que no entran en mis historias con buen pie no me escriben. Tu correo, Carles, me ha hecho recordar, lo cierto es que nada se borra del “disco duro”. Me cuentas que vas en bicicleta por las montañas y en la mochila llevas novelas de terror mías (y de otros, claro). Por donde tú pasas anduve yo hace muchos años, Cingles del Berti, Montseny, Montnegre, Les Guilleríes. De niño y adolescente fui boy scout, qué tiempos... Recuerdo que subí a Puiggraciós y a una ermita que está por allí íbamos los fines de semana para restaurarla, cargábamos cemento, agua.... más o menos lo que hoy día dicen que son “cooperantes”. También fuimos a limpiar restos de obra al hospital del Cottolengo y repartíamos comida, paquetes de lentejas, arroz, azúcar en hogares deprimidos de “La Perona”. Sí, qué tiempos. Los de la Falange, que luego se nominaron OJE, estaban bien equipados a cuenta de la dictadura, en cambio nosotros nos lo teníamos que costear todo, mi camisa color verde de uniforme la tuve que pagar a plazos. Pero vivíamos los fines de semana con alegría, nos divertíamos mucho incluso haciendo la “BO”, eran tiempos muy duros. La pequeña villa de Sau, cuyas ruinas ahora están bajo las aguas del pantano, por aquel tiempo ya había sido desalojada de habitantes, sólo era ruinas. Allí pasé un frío atroz, a la amanecida todo estaba blanco sin haber llovido, una noche muy difícil. Sí, Carles, me has traído recuerdos. Amo la tierra que pisé, Matagalls, Turó de l’Home, El Pla de la Calma, y que magnífico estar en lo alto de las Cingles del Tavertet, precipicios impresionantes cortados a pico. Lanzábamos el fular al vacío y las corrientes de aire nos lo devolvían. No podía imaginar por aquellos días que luego escribiría historias que, pasados los años, otros como tú leerían por aquellos lugares que son mi país aunque yo sea un urbanita nacido en Barcelona. Tomando los trenes los fines de semana pateé gran parte de Catalunya, dormí bajo las estrellas junto al “fuego de campo”. Ya en nuestra época de escritores, entre novela y novela, aprovechando un día de descanso, en nuestro cochecito nos íbamos a comer a la pura montaña del Montseny, en día laborables no había nadie, es decir, había pájaros, insectos zumbando, el rumor del agua brotando en la fuente.
Cuando lectores como tú y otros que hacen lo propio, al recordar un título de alguna de mis novelas (me voy a ceñir ahora solo al Terror), me decís que guardáis mis novelas, cuando me dan hasta la sinopsis de obras que publiqué hace ya décadas, cuando me dicen hasta en qué mes aparecieron en el mercado, me dejáis apabullado. Os agradezco a ti y a otros que me escriben en el mismo sentido hacerme sentir vivo. Parece que las historias que han ido brotando de mi mente no será fácil que se disuelvan en el polvo del olvido. Estas mismas historias, actualmente repasadas por aquello de algunas presiones de la época y dándoles el soporte que merecen, van a durar mucho más que el propio autor.
Un abrazo, amigo lector.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Ralph,

Es conmovedor estar en contacto contigo y más aún ser objeto de una carta tan entrañable como la que me has dedicado. Muchas gracias.

Tus obras no quedarán en el olvido, como mínimo en mi caso y en el de mi amigo de la infancia Sergi O..., pues gracias a ti, a tus bolsilibros de terror de hace 20 años (los cuales nos impactaron profundamente) nos hizo descubrir el fantástico género de las novelas de terror. Desde entonces solo leemos casi exclusivamente novelas de terror! Por eso, de alguna forma, siempre te tenemos presente, pues nos has influido mucho en nuestros gustos literarios. Regularmente nos gusta intercalar entre nuestras lecturas alguna que otra obra tuya, pues leerte, de alguna forma, nos hace rememorar la mejor época de mi vida: la adolescencia. Correr en bicicleta por los bosques de Santa Eulàlia de Ronçana, construir cabañas escondidas entre la maleza, sentir por primera la atracción por una chica y empezar a adentrarse en el mundo del terror gracias a tus obras. Todo eso siempre rodeado de la libertad, la falta de preocupaciones y la vitalidad que caracterizan esa fantástica etapa de la vida!
Pensar y leer Ralph Barby nos evocan todo eso pero sobretodo leer historias de terror en medio de la noche (en la cama o en el porche de casa), hacer Casas del Terror con las que atormentar a nuestras sufridas hermanas, ver nuestras primeras películas de miedo, leer revistas de parapsicología, etc. En definitiva, rememorar grandes experiencias y sobretodo haberme hecho descubrir mi gran pasión: leer libros de terror!

Por todo eso y más, muchas gracias Ralph!

Carles G...